AMANECER INSÓLITO

Hola amigos este  microrrelato quedó finalista del mes de septiembre.
Deciros que estos concursos del Círculo Cultural Bezmiliana, consistían en componer un microrrelato con tres palabras y una frase que cada mes Círculo Cultural Bezmiliana proponía, En las bases también tenía que aparecer algo referente al Rincón de la Victoria, y no pasar de las 150 palabras.

Círculo Cultural Bezmiliana
FINALISTA del concurso de microrrelatos de septiembre corresponde a AMANECER INSÓLITO de María Jesús Medina Cano:
"Después de una noche “imparable”, decidimos por unanimidad ver amanecer desde los acantilados del Cantal; pero cuando llegamos, uno dijo que ver amanecer con las farolas encendidas no era lo mismo que en plena oscuridad.
Nos disponíamos a marcharnos cuando un extraño y agudo zumbido procedente del mar nos dejó en suspenso. Una sombra enigmática, como una esfinge alada, se acercaba hacia nosotros…
Las primeras las pillamos al vuelo: “mirad” -dijeron, “son mariposas esfinge”. Desde luego, eran la antítesis de lo que conocemos por mariposa.
¿Mariposas esfinges?
Sí, como las del silencio de los corderos.
Llegaron como una nube negra, formando uno, como un jinete con su caballo. Cubrieron las farolas. Viajando en la oscuridad del mar, aquellas luces las llamaban con un hipnotismo irrefrenable.
Vimos amanecer. La primera claridad la compartimos con aquellas viajeras incansables que emprendieron de nuevo el vuelo en cuanto el primer rayo de sol apareció."

En este caso las palabras eran: antítesis, jinete y esfinge y la frase: la pillamos al vuelo. El lugar eran los acantilados del Cantal. Gracias por vuestra lectura.

ESTO NO ES UN RELATO; ES UNA OPNIÓN



Esta opinión la generó las últimas noticias que surgieron este verano acerca del Ecce Homo de Borja.
Subrayo que esto es mi opinión y aún no he leído nada acerca de este tema que coincida con ella.

Realmente es vergonzoso. Lo del Ecce Homo de Borja. 
En cualquier otro lugar, digamos país; destrozar una obra de arte, patrimonio de la historia de ese lugar (no puedo poner el nuestro por obviedad) estaría penado. Pero aquí las cosas son diferentes, burdas y sobretodo ridículas.
Este destrozo o vandalismo, (sí vandalismo, por muy anciana octogenaria que sea esta buena señora),  se populariza y se premia.
No sé en qué apoteósico umbral de soberbia mal medida esta mujer se sintió tocada por los hados del arte y decidió, porque sí, porque se le antojó, re-crear (ojo que no digo restaurar, imposible llamar así a semejante bodrio), como decía; en qué momento se inspiró, para dejar una obra maestra del adefesio, para hacer una representación excelsa de lo grotesco.
No dejo de pensar aun así, que la cosa tiene su gracia; claro que si la buena mujer hubiese tocado así un Goya o hubiese roto la mano de la Piedad de Miguel Ángel lo mismo no hubiese causado el mismo efecto y la cosa hubiera sido llamada por su nombre, vandalismo, agresión…
Me alegro por el pueblo de Borja, al menos irrumpe en el mapa por el derecho propio que da el mal gusto de algunos. De todas formas que más da todo si hay dinero por medio ¿verdad?

Mis condolencias a los descendientes de Elías García Martínez, que en rendido homenaje coloco una imagen del original, la otra ya es sobradamente conocida.


ARRIERO SOMOS



El arriero esperaba en la puerta; no de su casa. Apenas paraba allí. Siempre viviendo por esos caminos polvorientos, con la única compañía de su burro y el sonido de los cachivaches que transportaba. Los vendía en distintas pedanías, aldeas o pueblos, pero hoy decidió parar en la posada.
Había llegado temprano. Sin prisas había puesto a Jacinto bajo la encina, al fresco, y colocó la carga más pesada en el suelo. Con parsimonia medida se dirigió al escalón del portón y con lentitud se sentó en él. Apoyó los codos sobre sus rodillas, lió un cigarrillo y deslizó el gorro de paja hasta los ojos. Fumando con profundas caladas se puso a esperar.
El canto tempranero de las cigarras se extendía por las llanuras rubias de los trigales y presagiaba un rotundo día de calor.
Cuatro colillas descansaban en el suelo cuando divisó a lo lejos una figura enjuta que se acercaba montado en los lomos de su asno. El hombre miraba hacia atrás de vez en cuando; como el que huye de un pecado o una culpa. 
El arriero, se colocó bien el sombrero y se puso en pie. Caminó sin prisas como era su costumbre y se posicionó en medio del camino.
—Eh tú, quita de ahí. —le gritó el del asno.
—Que te quites— repitió.
El arriero se mantuvo inmóvil, las piernas ligeramente separadas. Dio una calada profunda al último de sus cigarrillos, lo tiró y lo pisó con contundencia.
—Baja si eres hombre.—le dijo—. Baja que aquí acabó tu huida.
Sin mediar más palabras le lanzó el cuchillo. Certero, al corazón. ©


Pintura malagueña siglo XIX

LA POSTAL




Buscaba entre sus libros de historia aquella anécdota de la Regente María Cristina cuando apareció la vieja postal. La profesora sonrió; un instante de los años sesenta. El pueblo todavía conservaba esa apariencia cándida y libre de los pueblos costeros, sin esa contaminación mecánica y humana que llamaron progreso.
Se apreciaban los raíles de la cochinita. Aquel viejo tren que recorría la costa. Bonito cercanías seria ahora, si lo hubiesen integrado en la remodelación del pueblo, pensó.
Cogió una lupa. Se podían ver algunos veraneantes, aquellos primeros y sonrió al ver sus atuendos tan descocados en aquella época. Le vino a la memoria la mañana, casi al amanecer, que bajó a la playa con la pandilla para ver sacar el copo. Entre otros peces había uno enorme con algo extraño en la cabeza que le causó escalofríos. “Es una rémora”, le dijo uno de los pescadores.
Con la postal en la mano fue a la cocina, probó el guiso que tenía en la candela y notó que le faltaba sal. Con un destello en su mirada consideró que sus alumnos preferirían sin duda, la historia surgida de la postal; colmada de brisas marinas y soplos de añoranza.