Hoy también se produjo el milagro

                       Este relato lo escribí cuando aún iba al colegio. Me gusta porque se refleja en él la inocencia de aquellos días. Quiero compartirlo con vosotros para que podamos recordar, aunque sea mínimamente, la inocencia y la magia de nuestra infancia.

Hoy también se produjo el milagro
     
      Aún es de noche. Los pequeños farolillos y la gran luna de plata son las únicas que alumbran el oscuro bosque.
      Todo duerme en paz y en sosiego. Solamente, de vez en cuando, se escucha el gracioso cantar de un grillo.
      El gran lago está inmóvil, quieto y como un gran espejo, refleja en él las hermosas estrellas colgando del cielo.
      Y ahora, como cada día, se producirá un milagro.
      Un pequeño, delicado y suave rayo de luz ha alumbrado por primera vez en ese día el bosque. Sí, está amaneciendo. Cada vez hay más claridad y los árboles frondosos, los pájaros y el lago reciben alegremente el nuevo día.
      El lago ya no refleja las estrellas, sino el azul cielo. Los pájaros, con sus trinos mañaneros, dan los buenos días al bosque. Todos han despertado. Todos se han dado cuenta de que ya ha amanecido.
      Todo es alegría, regocijo, paz y armonía. Los jóvenes pajarillos quieren aprender ya a volar y ¡el pequeño cervatillo ya ha dado su primer paso!
      Se escuchan infinidad de sonidos. El croar de las ranas, el cantar de un pájaro, la brisa que habla con las hojas de los árboles, todos hablan pero no saben que decir.
      Mamá pato lleva a sus hijos a nadar en el gran lago, mientras que las ranas siguen cantando.
      Llegó la tarde y con ella oscureció el día. Todos, hasta el más pequeño animal, se aleja. 
      Todo está inmóvil, el lago, las hojas de los árboles, todos duermen confiados, de que mañana, se produzca otra vez el milagro. 

Con este completo el trío de relatos a mi modo. Aunque todos lo son, o no.

DE FRASES HECHAS
           
            Temblaba como un flan, aunque, disfrutaba como un enano. El más difícil todavía; dicho y hecho. Mezcló churras con merinas, en menos que canta un gallo metió en cintura al que tenía la cabeza llena de pájaros y le puso los puntos sobre las ies. Después por arte de birli birloque se puso como el quico.
            —¡un poquito de por favor! Que se está poniendo morado. Tiene más cara que espalda.
            —Tiene delito que huela a tigre. Y como para para un tren.
            —Os lo tomáis a la tremenda —dijo—. Se me encoje el corazón. En un tris tras me duermo como un lirón.

            Tomó las de Villadiego y, a trancas y barrancas, se durmió a pierna suelta.


Como el título indica, este relato está realizado con frases hechas, excepto "dijo".

Siguiendo con los relatos a mi modo os presento el siguiente.



 PREPOSICIONES
           
            A la una del mediodía. Ante un sol de justicia. Bajo la disyuntiva temporal de sus pensamientos entristecidos. Cabe, o junto a la posibilidad remota de ilusionarse de nuevo con alguna cosa. No es necesario que sea algo extraordinario. Contra todo pronóstico no desea excentricidades en su vida.
            De un día para otro, desde esta misma mañana durante el desayuno, algo interno, una emoción, un desafío, una energía cutánea y anómala en su ser; entre el alma y el pensamiento la ha llevado hacia el saliente del acantilado. Hasta el mismo borde, y ha sacado los dedos de sus pies al abismo. 
         Solo desea demostrarse a sí misma, mediante este acto de valor, que ya no tiene miedo. Para ella la cobardía con la que ha vivido su vida, ha desaparecido por una poderosa razón. Según se puede interpretar, sin lo ocurrido esa misma noche, no habría podido despertar el miedo suficiente, so pena de no haber recurrido a aquella pistola que compró la semana pasada, y sobre la que no quiso pensar aquellos días después de esconderla.
            Tras el rugir furioso del lesionador que acabó, como siempre acababan sus manifestaciones de macho imperfecto: Su cuerpo apaleado. 
                  El alma triturada versus la potestad que le da el derecho de venganza. 
                  Utilizó el arma. 
                Surgió una vida nueva, recompuesta de heridas cicatrizadas, vía el entierro en su memoria, de esa noche y las anteriores.


              Este relato se ha hecho utilizando las preposiciones una por una y en orden:
A, ante,bajo, cabe con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, tras, versus, vía.

Los últimos hippies


                Cogió una margarita del suelo, sonrió a la vez que, con cierto aire infantil, la introducía entre sus cabellos blancos.
                —¿lo recuerdas? – preguntó.
                El hombre también sonrió. Cubría su cabeza con un sombrero viejo y despuntado de paja amarillenta.
                —Claro que me acuerdo.  Y estás muy guapa, al igual que entonces.
                La besó en la mejilla.
                —Oh vamos, ya estamos viejos. Sé que estoy vieja, pero gracias.
                —Eso no quita que sigas siendo la chica más bonita.
                La cogió de la mano y se encaminaron hacia la orilla. El celeste mar los saludaba con suavidad, mojando con delicadeza sus pies desnudos.
                —Cielo —dijo él—, ha llegado el momento.
                —Sí amor, siempre juntos.
                Regresaron a casa. Recorrieron el camino de arena bordeado de correhuelas y yesqueras rojas, hasta un pequeño jardín de tierra negra, volcánica, de muros bajos y cuyo encalado blanco, contrastaba vivamente con el color de la tierra y el verde de los cactus que habían sembrados.
                —Hemos vivido bien. —dijo la mujer.
                —Es cierto.
                Sentados en un banco contemplaron el jardín, decidieron fumar su último cigarrillo. Cuando la mujer apagó su colilla en un viejo cenicero de metal con el logotipo desvanecido, entraron en la casa. Abrieron un pequeño cajón del mueble del recibidor y cogieron un paquete de pastillas “adormideras”, se miraron sin decir nada. A continuación decidieron preparar un cuba libre como homenaje  y marcharon cogidos de la mano hacia la cama.
                La ingirieron despacio, mirándose a los ojos. Las lágrimas de la mujer llegaron a la barbilla, él levantó la mano y se la limpió cariñoso.
                —No llores. —dijo— Es lo mejor. No hay sitio en el mundo para nosotros. Los viejos ya no cabemos en ningún lugar.
                Dejaron los vasos en la mesita de noche y se recostaron en la cama, abrazados.
                —¿Tardarán mucho en encontrarnos?—preguntó la mujer.
                —No sé. —Respondió él mientras se dormían. ©