LA PLANTACIÓN

       El símbolo “esquematológico” del endurecimiento subversivo de la moneda, la atrajo como nexo cautivador de su más preciado don.
       No habría habido endurecimiento más prodigo que la interrogación tautológica del supuesto real de una ficción creída, y del abatimiento esquemático de un terrón de azúcar moreno.
    La maquinaria de lento comienzo en estrategia consolidada, rindió culto al endiosamiento monetario de la región, confiscando los errores enemistados del gran capitalista. Despechado del círculo, en enema lisonjero, con fabulas clandestinas salió despedido en tiaras de absurdo despojo, después de exprimirle hasta las primeras gotas del humor vehemente que largamente lo habían lapidado en lustros protegidos.

DE COLORES

Verde claro

Entró el hombre en la frutería:
—Buenos días señora. ¿Tendría usted melones?
—No es tiempo caballero —contestó la frutera— pero tengo unas manzanas muy frescas.
El hombre se quedó pensativo.
—¿Me deja probarlas?
—Como guste.
Al sentir que el hombre le tocaba los pechos; la tendera echó el cerrojo de la frutería. ©

Negro

La luciérnaga volaba descuidada entre la frondosa hierba de la rivera; como no veía nada decidió encender su trasero. Esto la molestaba enormemente, porque además de atraer a machos incandescentes de su misma especie, atraía también repugnantes mariposas nocturnas hipnotizadas por su luz.
Encendió su bombilla trasera y vio que sobrevolaba el rio.  Nunca había llegado tan lejos.
Apagó su linterna, entre otras cosas, también para ahorrar combustible.
El trompazo contra la barca que pescaba cangrejos de río la tiró al agua. Con las alas mojadas y el culo encendido, lanzaba señales de SOS a las mariposas nocturnas. La bombilla se apagó y las nocturnas se fueron. ©

Blanco

—Esta niña tiene fiebre. —Dijo el doctor a la enfermera— Póngale el termómetro.
La enfermera le colocó el bolígrafo “bic normal” en la axila.
—Cuando suba la tinta, avíseme enfermera. ©

Gris

—¿Cuándo empezarás tu obra?
—Cuando escampe.
—¡Pero si no está lloviendo!
—Pues eso; para cuando escampe. ©
         


FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2015

LA DESPEDIDA

La crueldad devoraba su inocencia. No lo era el niño ya; casi. Herida de muerte, moribunda; resiste a abandonar. No quiere que se extinga, el niño su inocencia. No sabe él. Desconoce que defiende lo que queda de ella. No sabe que su inocencia ya no es suya.
La mañana había sido rota. No por él. Él no quería. Los otros sí. Lo justo a veces no es lo cierto. No, es cierto.
La ira silenciosa lacera sus horas. No tiene su enfado guerrero. Solo si se mira a un espejo. De un combatiente un bando es inmoral. Su niñez le pone en desventaja.

El descubrimiento lo hizo la niña. Mira, dijo. No, no quiere el niño mirar. Con los brazos cruzados él. No se movió.
Míralo tonto, dijo la niña. Es importante, le dijo. Lo agarró por el brazo y lo gira. Le mueve la cara. Mira, mira. El niño, mudo él. Con los ojos cerrados, se empeña en no mirar. Lo desea él. Su curiosidad le impera invasora. Domina su resistencia, a no mirar. Se debilita.

Calla la niña a su lado. Sabe que no tardará en abrir los ojos. Tiemblan sus párpados. Una fuerza que no es de él se los abre. Desmesurados. Aterrados. Han visto semienterrada, entre las hojas del otoño, la mano. © 

UNA DUDA INADMISIBLE

Allí, en la pequeña aldea, siempre la calificaron de buena persona. Su condescendencia había desarrollado una capa de dulzura, de la cual se alimentaban los demás, como sanguijuelas hambrientas. Nadie pudo explicar su forma de actuar aquel día:

—Rosi —le dijo su vecina— ¿podrías coserme estos leotardos?
—Déjamelos ahí y luego te los coso.
—Es que...verás,los recojo en un momento…la niña los necesita ya.—Le insistió la vecina.
—Pero…si tú sabes coser… ¿por qué no lo haces tú?
—Es que… no tengo tiempo ¡Además, tú lo haces mejor!
Y ahí está Rosita, cose que te cose con sus cosas por hacer.
—Ay Rosa que buena eres.
Y se los llevaba la mar de contenta.
Más tarde se presentó otra vecina.
—Ay Rosi. No puedo ir a darle de comer a las gallinas. Tengo peluquería… ya que tú vas a darle de comer a las tuyas… ¿te importaría darle de comer a las mías?

Pasada media mañana llegó Rosa azorada a la peluquería. Manifestó alarmada que las gallinas estaban muertas.
Con la cabeza llena de papelillos de plata y mechones de pelos tiesos lleno de tinte caoba, la vecina saltó del sillón de la peluquería.
—¡Todas? – le preguntó.
—No, solo las tuyas.

Así quedó la duda. Llegaron a pensar que había sido Rosa, la que había matado a las gallinas de la otra vecina. Pero esto era imposible; pues Rosa, era una buenísima persona.


ACLARAR LOS CONCEPTOS

                     Alicia preparaba el desayuno. Todas las mañanas sacaba el molinillo y molía el café, le gustaba e intentaba dejarlo como si fuese polvo, "así no pierde aroma", solía decir mientras preparaba las tostadas y ponía la leche a calentar. 
                  Después ponía la mesa, "es mejor empezar el día con mantel de tela",  y en cierta forma llevaba razón.Más tarde aparecería Luis, su marido, se sentaría en la mesa y verían las noticias.
—Anoche no te oí.—Dijo Alicia cuando lo vio aparecer recién levantado, con la barba incipiente y el batín abierto. Se rascaba la cabeza como si intentase recordar algo importante.
—Ya...  Estuvimos trabajando hasta tarde y no quise despertarte. —Respondió cogiendo una taza de la estántería.
—Muy considerado. —Repuso Alicia entre dientes, mientras giraba la cabeza hacia la tostadora que con un "clac" avisaba de que el pan ya estaba listo.
—¿Decías?
—No nada. Que  agradezco tu amabilidad.—Respondió irónica.
—¿Estas enfadada?—preguntó él depositando la taza en el mantel.
—No.—Le contestó Alicia, recolocando  la taza en el plato—. No, solo estoy desencantada.
—Estas enfadada y es temprano —indicó señalando el reloj de la cocina—, no quiero llegar tarde a la oficina, así que luego hablamos, cuando se te haya pasado.
—Claro, que fácil. Tú defines mis sentimientos. Tú dispones cuando hablamos y cuando se me habrá pasado el hipotético enfado. No escuchas. Nunca has sabido escuchar y hoy te digo que no estoy enfadada, solo desencantada  ¿no entiendes la diferencia entre desencantada y enfadada? Yo te lo explicaré. Mira que suerte tienes, hoy, tan temprano, y ya vas a aprender algo. Mira. —y cogió una caja de zapatos que había en una silla y la puso en la mesa.
—No me digas que esto es por unos zapatos. —Dijo Luis.  
—Oh vamos, al final sí que me vas a enfadar. Tienes horchata en las venas o quizás ni eso. Haz el favor de mirar dentro.
Cogió la caja de zapatos, no sabía si, sonreír y abrirla como si nada, o huir y salir corriendo con cualquier excusa, pero esto no le pareció lo óptimo tal y como estaban las cosas.  Con tiento, como el niño que espera un regalo o quizás una sorpresa, desplazaba la mirada de la caja a su mujer en espera de alguna reacción por parte de esta. Despacio la abrió y descubrió que no había  nada.
—¿Ves? —Repuso Alicia— Ahora estas desencantado. Esperabas algo, posiblemente algo malo, pues crees que estoy enfadada. Si fuese tu cumpleaños esperarías algo bueno, pero aun así, al estar la caja vacía te encuentras desencantado o lo que es lo mismo defraudado. Ahora tráela. 
Se la quitó de las manos. A continuación la tiró al suelo y la pisoteó.
—Esto es estar enfadada ¿lo entiendes? —A lo que añadió— Quiero el divorcio.©